Para establecer el modelo de evaluación se suele acudir a la idea de la educación como un proceso que arranca de una situación dada y, en virtud de determinadas actividades, desemboca en otra diferente. Sobre este esquema del proceso educativo se construye el modelo de evaluación que incluiría los antecedentes o presupuestos de la educación, el proceso educativo mismo y los resultados.
Dada la significación,
teórica y práctica, que en la actualidad evaluadora tienen los objetivos de la educación,
a veces se entiende que el primer elemento del modelo, es decir, los
antecedentes o presupuestos de la educación debe ser considerado como un
elemento doble en el que en primer lugar habría deponerse los objetivos y en
segundo lugar el plan, es decir, la visión previa y ordenada de los elementos
personales y materiales que van a intervenir en el proceso educador. De acuerdo
con esta idea, el modelo de evaluación tendría cuatro elementos: los objetivos,
el plan, la actividad u operación y los resultados.
El rendimiento académico
hace referencia a la evaluación del conocimiento adquirido en el ámbito
escolar, terciario o universitario. Un estudiante con buen rendimiento
académico es aquel que obtiene calificaciones positivas en los exámenes que
debe rendir a lo largo de un ciclo.
El rendimiento académico
es una medida de las capacidades del alumno, que expresa lo que éste ha
aprendido a lo largo del proceso formativo. También supone la capacidad de
alumno para responder a los estímulos educativos. En este sentido, el
rendimiento académico está vinculado a la aptitud y a la actitud de los
estudiantes.
Existen distintos
factores que inciden en el rendimiento académico. Desde la dificultad propia de
algunas asignaturas, hasta la gran cantidad de exámenes que pueden coincidir en
una fecha, la amplia extensión de ciertos programas educativos, la dificultad
en el desarrollo de las competencias, estos y otros más con los motivos que
pueden llevar a un alumno a mostrar un pobre rendimiento académico.